Vermouth, vermut, vermú…

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Bebidas de color rojo y a veces blanco que, con una aceituna en su interior, nos llenaban de curiosidad mientras nosotros tomábamos lo permitido, un Trina de naranja o limón, Mirinda si había suerte. La hora del aperitivo, ese espacio para la charla y el picoteo previo a la comida de las consabidas tres de la tarde. Fines de semana y vacaciones eran los días permitidos en los que el bar y aledaños eran una fiesta. Era el tiempo del vermut.

Hay varias teorías sobre su origen que van desde China hasta Grecia pasando por Egipto, siempre hablando de, al menos, 1.000 años antes de Cristo. Ruperto de Nola recogía ya en sus textos de cocina renacentista las especias del hipocrás, cuya reparadora fórmula se atribuye con mayor o menor acierto a un señor griego que era médico, Hipócrates. Bebida que en caliente o frío pudiéramos entender como antecedente inmediato del vermut: “Canela cinco partes, clavos tres partes, jengibre una parte. La mitad del vino ha de ser blanco y la mitad tinto. Y para una azumbre seis onzas de azúcar, mezclarlo todo y echarlo en una ollica vidriada. Y darle un hervor, cuando alce el hervor no más, y colarlo por tu manga tantas veces hasta que salga claro”.Lo que sí parece es que el nombre es de origen alemán -wermut (ajenjo) y wein (vino)-. Y las evidencias más claras son las que nos dicen que el nacimiento del vermut moderno, el que conocemos hoy en día, se produce en Piamonte y Saboya a finales del siglo XIX.

De lo que no cabe duda es de que se trata de una bebida de espíritu viajero que comienza asomando la cabeza tímida como una tortuga hasta llegar a conquistar el mismísimo ombligo del mundo. A España entró por Barcelona, donde se instala en el siglo XIX. Su carácter festivo y accesible hizo que se convirtiese en el preferido por muchos para alternar con los amigos en el tiempo previo al almuerzo, pero entró en decadencia hasta casi desaparecer. Es importante mencionar la labor de Martini en los años más difíciles. Porque sí, el Martini es vermut y supo ver en un buenorro de boquita estupenda la herramienta de marketing para mantener esta bebida en el mercado. Ahora los culturetas se han dejado barba para ser llamados hipsters y, por suerte, la fiebre por el vermut ha vuelto para quedarse. Nos felicitamos porque las buenas costumbres de siempre no deberían perderse. Nunca.

Hablamos de vino. Porque aunque algunos no lo vean así, eso es el vermut. Generalmente un blanco con algo de alcohol añadido, azúcar y todo tipo de hierbas y especias con el ajenjo a la cabeza. Dependiendo de los procesos de elaboración tendremos una bebida de color desde rojo oscuro hasta casi transparente. Lo importante, como es natural, es la calidad de la materia prima. Utilizar un buen vino, algo a lo que durante mucho tiempo no se le ha dado la necesaria relevancia. ¿Y cómo tomarlo? Aquí todo está permitido. Con o sin hielo, con una rodaja de naranja u otro cítrico, suavizado con sifón o como parte de muchos de los más grandes cócteles como el Negroni o el Manhattan.

Así nos habla Carmen Martínez de Artola sobre nuestra bebida favorita, el vermouth, pero también sobre todo lo que esconde detrás: una historia apasionante y antigua, una tradición que recobra fuerza y nos trae buenos recuerdos de nuestra niñez. Desde vermouth Perdón nos alegra empezar a formar parte de esta historia, dándole un toque más dulce.

Fuente: Guía Hedonista